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CUEVA
DE LOS FRANCESES
No
siempre se la llamó así, pues el nombre original con el que se la conocía
era: " Gruta de la Lora ".
Remontándonos
en la historia, se sabe que el Páramo de la Lora, donde está situada la
Cueva, fue escenario de una cruenta batalla en tiempos de la Guerra de la
Independencia (1808), librada entre las tropas Napoleónicas y los Húsares
Cántabros comandados por el liberal Perlier. El combate terminó con la
victoria de las tropas españolas. Una vez acabada la batalla y ante la
imposibilidad de ser enterrados los cuerpos de los franceses caídos en el
rocoso páramo, se optó por arrojarlos por la sima, que daba entrada a la
galería de la cueva.
Para
adentrarse en ella, hay que bajar por un túnel de 62 m. horadado
en el suelo, que tiene 3 grandes puertas metálicas a diferente
distancia para que hagan cámaras de aire, aislando la cueva del exterior;
con ello, se consigue mantener la humedad propia de dicha cueva, al
evitarse las corrientes de aire que la desecarían. Es uno de los mejores
ejemplos de cueva cárstica, donde se han creado impresionantes mantos
calcáreos, estalagmitas, estalactitas y enormes columnas.
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Según el Diario Palentino de fecha 26 de Agosto de 1899, la Cueva
fue dada a conocer por el secretario del Ayuntamiento de Pomar de Valdivia
D. Dionisio Calderón, el cuál organizó una visita para enseñársela al
periodista D. Daniel Rodríguez,
con el ánimo de que se difundiera en los medios públicos.
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En aquella visita histórica es cuando se descubrieron restos
humanos, lo cual afianzó la teoría por la que viene su nombre: Cueva de
los Franceses.
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De 1972 a 1974 se realizaron las obras de acondicionamiento, y en
1981 se rehabilitó y reacondicionó para la visita pública.
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Está dotada de iluminación artificial y reúne todos los aspectos
llamativos de una gran cavidad espeleotemática: impresionantes
estalactitas y estalagmitas, coladas columnas, pozos, gours, etc.
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Su recorrido mantiene la dirección Este Oeste, con una profundidad
máxima de 21 metros y una cota superficial de 4 m. Su desarrollo es
totalmente horizontal, con pequeños desniveles, habiéndose localizado en
su interior tan sólo tres simas de escasa profundidad.
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La superficie total de la cueva se acerca a los 1000 m, aunque la
zona visitable, transita por 482 m de la clásica belleza en este tipo de
cavidades.
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Se comienza en la llamada Sala de
la Catedral, donde la cueva se divide en dos recorridos opuestos. A
la derecha, en sentido descendente buscando el nivel freático de las
aguas, y a la izquierda en sentido ascendente y de mayor longitud, que nos
lleva a la Sala de los Martires, lugar donde se encontraron los restos de
los soldados franceses y en donde se abre la sima de 8 mts. que da a la
superficie.
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La parte final de ambos recorridos acaban en grandes salas,
donde unos grandes caos de bloques desprendidos de las zonas
techales han engrandecido las mismas y cuya visita se impide por razones
de seguridad.
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No se sabe a ciencia cierta donde acaba la cueva, aunque se
presupone que en el recorrido de la derecha acabe en Cuevalagua, al
seguirse el curso freático de las aguas del karst. Hoy en día es
imposible de unir ambas cavidades, debido
a la gran cantidad de arcilla y sedimentos que componen el tapón que las
obstruye.
CANTO HITO
Se
localiza en el Páramo de la Lora a 1,5 Km. de la boca de la Cueva de los
Franceses, en dirección Este y a una altitud de 1.175 m.
Es
un monolito de piedra caliza de gran altura 3,25 m. de sección
rectangular, con una anchura máxima de 80 cm., y que se encuentra
inclinado en dirección al Este. El presente monumento megalítico se
encuentra rodeado por pequeñas piedras que hacen un circulo cerrado en
cuyo centro está el monolito. Este circulo es visible solo a una cierta
distancia, por estar muy cubierto de la vegetación propia del páramo.
Según
los trabajos de D. Jose Luis Uríbarri Angulo " El fenómeno megalítico
Burgalés ", las construcciones megalíticas parten del Sur-Oeste,
penetrando por las cuencas del Tajo y Duero hacia Burgos y Vascongadas,
llegando al noreste de nuestra provincia.
Este
fenómeno es, exclusivamente , un aspecto religioso, y dentro de ello de
carácter funerario, formando parte de una cultura nueva que irrumpe en la
Prehistoria pudiéndola datar cronológicamente del tercer o segundo
milenio antes de nuestra era. Este tipo de construcciones era característico
de pueblos que comparten la agricultura y la ganadería.
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